La migración internacional y la desigualdad económica en las comunidades rurales: una valoración.

Author:Salas Alfaro, Renato
Pages:417(15)
 

ÍNDICE DE CONTENIDO Introducción Medidas de desigualdad económica La investigación La descomposición del coeficiente de Gini por componentes La comunidad de estudio Resultados y discusión Conclusión Bibliografía INTRODUCCIÓN

La desigualdad económica, fundamentalmente puede entenderse como la discrepancia existente en la posesión de riqueza o ingresos en un grupo de individuos, situación que permite a algunos de éstos elegir ciertos bienes y servicios mientras que a otros les niega la misma elección (Debraj, 1998:170), otras definiciones se centran exclusivamente en la diferenciación que existe entre los individuos respecto al goce de los bienes materiales (Giraud, 2000:9). La propia concepción de desigualdad económica con bastante frecuencia se encuentra asociada a otros conceptos como la edad, la capacidad personal, o las libertades políticas y económicas, de las que gozan los individuos dentro del grupo social de referencia. Sin embargo con frecuencia se suponen sujetos de análisis homogéneos (talento, capacidad personal, iniciativa), cuyo bienestar hipotéticamente igualaría entre sí, de llegar a tener éstos una misma proporción de ingresos (García, 1986:29).

No obstante existen investigaciones sobre desigualdad que son más amplios en su perspectiva; por ejemplo, en el trabajo de Tilly (2000: 21), que también se refiere a la desigualdad, pero en su expresión categorial; esto es, desigualdad social persistente, en función de cierta connotación categorial que restringe el acceso a oportunidades sociales, en mucho mayor medida que los atributos individuales: blanco/negro, varón/mujer, obrero/patrón. De acuerdo con este autor, este tipo de desigualdad surge porque las personas que controlan el acceso a los recursos productores de valor resuelven los problemas de organización por medio de categorizaciones que cierran la entrada, excluyen y buscan el control social, a su vez, el trabajo de (Jenkins and Lambert, 1993), han agregado al análisis de la distribución del ingreso el efecto de incluir sujetos con diferentes necesidades.

El fenómeno de la desigualdad no es algo nuevo, ni uniforme en su análisis, o propiamente de estos tiempos, aunque en éstos se halla recrudecido, ésta es una cuestión histórica con presencia en todas las fases de la evolución social humana (Giraud, 2000:9). De acuerdo con García (1986:14), en toda comunidad y organización económica existen disparidades y jerarquías; es un hecho real que entre individuos, familias, regiones o clases, el ingreso y la riqueza se encuentran mal distribuidos.

El porqué ocurre esto, sobre todo a nivel de comunidad es una cuestión intrigante pero escurridiza; por igual sociólogos que economistas tienen una larga historia intentando explicar los mecanismos de la distribución (Shanahan and Brandon, 1994), aun no se tiene claro que causales específicas provocan una mala o buena distribución de ingreso, riqueza, activos. Por un lado, se conjetura que la estructura demográfica del hogar en la versión de Chayanov puede determinar los efectos, en el sentido de que los ingreso pueden ser consumidos u acumulados según el ciclo de los diferentes hogares (Murphy, 2000; Greenhalgh, 1985), por otro, siguiendo la idea marxista también se señala que la posesión de medios de producción pueden influir en los efectos, en el sentido de que presuponen la generación de los ingresos según la posesión de estos (Peet, 1975).

Lo que si resulta claro, es que en presencia de desigualdad económica los mejoramientos económicos que alcanza una sociedad, cada vez cubren a menos beneficiarios; dado que los individuos son diferentes entre sí de forma inherente, ésta se recrudece en razón de los accesos diferenciados que tienen a la formación de activos personales (alimentación, educación, créditos económicos, salud), a la calidad de estos y sobre todo a la posibilidad de uso que les permite su medio. De este modo, la propia desigualdad sigue determinando la dotación, calidad y suso de factores productivos y con ello la propia forma en que viven las personas. Los que menos acceso tengan a ellos, los que tengan pero de menor calidad o a quienes su medio institucional no les permita emplearlos plenamente, seguirán confinados en una situación de pobreza de donde no podrán salir incluso por generaciones. Sus modos de vida serán frágiles y estarán expuestos a los diversos shocks (económicos, políticos,...) que aquejan a la población, pero que en estos grupos vulnerables los efectos son más drásticos. La desigualdad económica va creando sus propias condiciones para su consiguiente reproducción, haciendo para una sociedad cada vez más difícil revertir este proceso.

Las formas en que se auto perpetua, son diversas aunque no totalmente esclarecidas; por ejemplo, el Banco Mundial (2003) sostiene que la propia forma de colonización sufrida en América Latina a manos de España y Portugal, fomentó la creación de elites sociales cerradas que dominaron y se aprovecharon de todo: recursos, producción y productores; condicionó y sigue promoviendo las fuertes desigualdades económicas que hasta nuestros días se sufre en esta región. Para otros autores esta consecuencia deriva de las propias instituciones generadas durante la colonización de América Latina, las cuales se orientaron mal (Acemoglu, 2003). Otras investigaciones que pone de relieve este mismo proceso, es la de Murphy and Stepick (1991:2-4), quienes encuentran que en las comunidades indígenas del centro de Oaxaca, la desigualdad económica es una historia de por lo menos 2000 años.

En esta perspectiva, el estudio de la desigualdad económica involucra aspectos filosóficos, éticos y económicos (Debraj, 1998:189). Por un lado, la desigual posesión de activos económicos induce un trato diferenciado entre los individuos, esto mismo termina por impactar en el proceso de desarrollo económico, el nivel de pobreza, el desempleo y la desnutrición de los periodos subsiguientes (Debraj, 1998; Alesina and Rodrik, 1994; Dasgupta and Debraj, 1986); en contraste una reducción de la desigualdad económica en general en la sociedad, empuja la contracción de otras desigualdades perniciosas (Sen, 1979; Debraj, 1998) y facilita las medidas orientadas a combatir la pobreza (López and Perry, 2008). Igualmente, una mala acumulación de activos productivos, limita la posibilidad de que los hogares puedan construir de forma sostenible sus modos de vida (Chambers and Conway, 1992), y quedan expuestos de forma perene a los embates de la naturaleza, los shocks económicos, políticos, entre otros.

No obstante, las personas tienen una percepción de estos eventos, son actores sociales activos y aunque muy marginados, aun así pueden con cierto margen influir sobre su propio destino incidiendo sobre las fuerzas externas e internas que les afectan. Esto les permite adoptar medidas y desarrollar acciones según su entendimiento y sus activos; por ejemplo en México, desde hace poco más de un siglo, la respuesta que más se observa, la acción más viable que están encontrando, aunque también la más riesgosa, es la migración internacional.

Peor aún, en México la incesante migración laboral hacia Estados Unidos, está provocando que algunas localidades se estén quedando sin población (Mojarro y Benítez, 2010). En este sentido la desigual distribución de activos y oportunidades laborales en estas localidades, igual pueden servir de base para iniciar procesos de migración rural hacia Estados Unidos y posteriormente incrementarla o reducirla con esta práctica laboral por medio de las remesas y el uso que de ellas se hace. Como señalan (Stark, Taylor and Yitzhaki, 1986:724), la desigualdad económica; particularmente en las comunidades rurales puede ser un producto y un insumo de la propia migración.

Ellos han detectado que en los inicios de la migración internacional, las remesas empeoran la distribución del ingreso en la comunidad migrante, en razón de que los hogares migrantes pioneros suelen provenir del grupo de los menos pobres, los cuales al recibir las remesas internacionales, se diferencian aun más de sus vecinos. En esta lógica y en otro trabajo (Stark and Taylor, 1989), sugiere que la desigualdad también incita a la migración; ante la presencia de ésta, los hogares más pobres se sienten privados relativamente (bienes y servicios) en relación a aquellos que ya reciben remesas. Este sentimiento los empuja a buscar fuentes alternas de ingresos, sobre todo en la migración internacional; la incorporación paulatina de hogares pobres en ésta, termina por homogeneizar la desigualdad en la comunidad migrante.

No obstante que la privación relativa tarda en concretizarse y en consecuencia no genera emigraciones inmediatas (2), el planteamiento ha recibido respaldo empírico. Algunos trabajos (Stark, Taylor and Yitzhaki, 1986; Taylor, Mora, Adams and López, 2005), han encontrado que las remesas internacionales influyen en la distribución del ingreso, según el tiempo de migración que tiene cada comunidad; si la comunidad tiene añeja historia migratoria, las remesas presionan hacia una mejor distribución, mientras que en las que recién comienzan en este evento, las remesas empeoran la distribución del ingreso. Otros investigadores concuerdan con el efecto negativo que tienen en el corto plazo las remesas internacionales sobre la distribución del ingreso en la comunidad (Jones, 1998; Wiest, 1981, Mines, 1981), aunque algunos solo se pronuncian sobre este efecto pero no lo miden.

MEDIDAS DE LA DESIGUALDAD ECONÓMICA

Los primeros intentos por evaluar la desigualdad económica, estuvieron asociados a medirla desde la perspectiva del ingreso, desde entonces hasta la actualidad, las controversias sobre la concepción, medición, efectos encontrados y escala de análisis, se mantienen. Sin embargo el estudio de la desigualdad desde sus orígenes se encuentra alejado de las comunidades, más bien los trabajos de investigación han girado en torno de la elaboración de métodos estadísticos para medirla (Sen...

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