Gestión del conocimiento y capital intelectual en la industria tequilera del estado de Jalisco.

Author:N
Pages:163(20)
 
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RESUMEN

Estudios muestran que la gestión del conocimiento se asocia con el capital intelectual; sin embargo, no se tiene claro cómo se da dicha relación. El objetivo de la presente investigación es conocer el grado de asociación de la gestión del conocimiento y el capital intelectual. Se obtuvo como evidencia empírica 50 empresas tequileras del estado de Jalisco, México. Se encontraron niveles positivos y significativos de correlación entre las mencionadas variables; así como valores significativos de influencia de la gestión del conocimiento sobre el capital intelectual, a través del empleo de variables control como el tamaño de la empresa y área de comercialización; por medio de una investigación cuantitativa y correlacional, con un diseño no experimental, donde se empleó la correlación de Pearson, regresión múltiple y regresión jerárquica.

PALABRAS CLAVE: INTANGIBLES, GESTIÓN DEL CONOCIMIENTO, CAPITAL INTELECTUAL, INDUSTRIA TEQUILERA

ABSTRACT

Studies show that knowledge management is associated with intellectual capital; however, is not clear how this relationship occurs. The objective of this research is to know the degree of association between knowledge management and intellectual capital. We obtained as empirical evidence 50 Tequila companies of the State of Jalisco, Mexico. We found positive and significant levels of correlation between the above variables; as well as significant values of influence of the knowledge management on intellectual capital, through the use of control variables such as the size of the company and area of trade, through a correlational, and quantitative research with a non-experimental design, where the correlation of Pearson, multiple regression and hierarchical regression were used.

KEYWORDS: INTANGIBLES, INTELLECTUAL CAPITAL, KNOWLEDGE MANAGEMENT, TEQUILA INDUSTRY

  1. INTRODUCCIÓN

    Nuevos cambios se están produciendo en la economía mundial. Éstos llevan a considerar al conocimiento como el elemento básico de la escena empresarial (Nevado & López, 2002). La tierra, el capital y la mano de obra siguen la ley de rendimiento decreciente, mientras que el conocimiento disfruta de un crecimiento (Roos et al, 2001). El dinero mismo se ha desmaterializado y los activos intangibles se han hecho más valiosos y poderosos que los recursos naturales, las grandes fábricas o las cuentas bancadas (Brooking, 1997a).

    La llegada de la era del conocimiento es una realidad (Obeso, 2003). Ahora, los activos intangibles juegan un papel relevante en la creación de valor de las empresas (Edvinsson & Malone, 2001). Los recursos y procesos intangibles que pertenecen a la compañía como el conocimiento tácito y explícito determinan la competitividad (Bontis, 1999).

    Aunque, la primera mención del concepto de intangible en la empresa se le atribuye a Lawrence Dicksse, que data de 1896 (Wu, 2005), fue en los años noventa cuando académicos y consultores en gestión empresarial comienzan a prestarle atención (Simó & Sallán, 2008). Para Brooking (1997a) el valor de la empresa no reside en los activos materiales, sino en los inmateriales. Constituyen uno de los principales factores de éxito presente y futuro de las empresas, por lo que cada vez se incrementan más las inversiones en este tipo de activos (Nevado & López, 2002). Ahora, el valor de una empresa depende fundamentalmente de la valoración de sus activos inmateriales (Obeso, 2003); sin embargo uno de los principales problemas cuando se habla de éstos, es determinar qué se entiende por activos intangibles.

    De acuerdo con Funes (2010) los activos intangibles son aquellos identificables, sin sustancia física y fuentes de riqueza. Poseen capacidad para generar beneficios económicos futuros y pueden ser controlados por la empresa (Requena, Sellens & Masllorens, 2003); son valiosos para la organización y se orientan a largo plazo (Edvinsson & Malone, 2001); sin embargo, hoy en día, la mayoría de las compañías desconocen su valor y cómo se gestionan (Brooking, 1997a).

    Dentro de tales activos destacan los intangibles ocultos, que corresponden al capital intelectual (Nevado & López, 2002), el cual es definido como un conjunto de recursos y capacidades inmateriales, expresiones del conocimiento individual y colectivo, que se manifiestan en capital humano, estructural y relacional (Mercado & Cernas, 2012). Por otro lado, el conocimiento es el activo más importante que se pueda tener a lo largo de la vida, y se debe dedicar una proporción considerable del tiempo a su cuidado (Brooking, 1997a; Stewart, 1998). De tal modo que hoy en día, la organización es percibida como una institución que busca integrar el conocimiento como fuente primaria de valor (Matilla, 2000). Para lograrlo, requiere del empleo de la gestión del conocimiento, la cual es concebida como la capacidad por medio de la cual una compañía como un todo puede crear conocimiento, diseminarlo a través de la organización y encarnarlo en los productos, servicios y sistemas (Nonaka & Takeuchi, 1995).

    Cabe resaltar que la gestión del conocimiento y el capital intelectual dentro de las organizaciones no son una teoría del todo, sino una perspectiva en constante construcción. Su soporte teórico se encuentra tanto en la teoría de recursos y capacidades (RBV) como en la teoría basada en el conocimiento (KBV). La teoría de recursos y capacidades desde sus inicios ha considerado al conocimiento como un recurso intangible, capaz de darle a la organización una ventaja competitiva, al ser raro, valioso, imperfectamente imitable y no sustituible (Barney, 1991). De RBV se desprende la teoría basada en el conocimiento (KVB), la cual aborda a la gestión del conocimiento como elemento central para el desarrollo de capacidades en las organizaciones (Grant, 1996a; Sveiby, 2001). Para Grant (1996b) la teoría basada en el conocimiento se fundamenta en el proceso de transferencia, capacidad de absorción, apropiación, especialización y transformación del conocimiento en productos dentro de la empresa. Dicho proceso es conocido como gestión del conocimiento (Nonaka & Takeuchi, 1995).

    Por otro lado, el tequila es un producto tradicional y representativo de la cultura mexicana en el interior y exterior del país; su industria aporta una parte significativa del PIB y es fuente de empleo en varios municipios del Estado de Jalisco (Macías, 1997), donde se pueden localizar 152 empresas tequileras (CRT, 2013). Los destilados del tequila significan aportaciones importantes a la economía local y nacional (Casas-Campillo, 1999), aunque su participación en el mercado mundial de licores sólo es de 1.02%, el crecimiento en las últimas décadas ha sido notable (Orozco, 2011). El tequila es una industria altamente consolidada, la cual genera casi 4,592 millones de dólares, colocándola en el segundo producto mexicano de mayor exportación del sector agroalimentario, sólo después de la cerveza, teniendo una participación del 12.2%, mayor que la obtenida en el período 1991-1993, que fue de 8.2% (Macías & Valenzuela, 2009).

    Sin embargo, la industria tequilera se encuentra orientada hacia una dependencia progresiva de los capitales extranjeros: empresas multinacionales en el caso del tequila embotellado y embotelladores estadounidenses que lo venden a granel (Coelho, 2007). La industria se encuentra caracterizada como un oligopolio (Macías, 2001), donde desde la segunda mitad del siglo XIX, algunas empresas al ser pioneras en el uso de recursos tecnológicos de la industria mundial establecieron estructuras hegemónicas, lo que les ha permitido asegurar un liderazgo. Por ello, sólo cuatro empresas controlan cerca del 65% del mercado (Coelho & Castillo-Giron, 2004), a pesar de que para el 29 de abril del 2013 se encontraban registradas 1,588 marcas de tequila, y 112 marcas de bebidas con tequila, que conforman un total de 1700 marcas a nivel mundial (CRT, 2013).

    Según COFUPRO (2003) dentro de los principales problemas que enfrenta la industria se encuentra la transferencia tecnológica, delimitada por la pérdida del agave, carencia tecnológica, poca variedad, falta de investigación y desarrollo, medios de comunicación inadecuados, escasa generación de tecnología y proyectos de investigación. Aunado a lo anterior, la mayoría de las empresas tequileras son familiares y se encuentran estancadas en técnicas ancestrales que impiden la competitividad que demanda la cadena de esta industria (Salvador & Maldonado, 2010). Históricamente la industria ha sido marcada por conflictos y dificultades a su organización (Coelho, 2007), a pesar que el posicionamiento del tequila en el mercado de bebidas alcohólicas alcanzó un 46% (Macías & Valenzuela, 2009), todavía existen problemas referentes estándares de calidad (Macías, 2001).

    Partiendo de la denominación de origen del tequila, el conocimiento debe ser generado en el dentro de las regiones productoras de agave. Sin embargo, se considera necesario fundamentar otra filosofía en las empresas tequileras, lo cual les permita alcanzar mayor competitividad (Díaz, 2007). Como resultado de la expansión del mercado del tequila, existen diferentes programas para generar conocimientos básicos e información aplicada que permitan asegurar la producción de materia prima y transferencia del conocimiento (Rulfo et al, 2007). Es por ello, que el empleo de intangibles como el capital intelectual y la gestión del conocimiento pueden resolver los problemas de competitividad que aquejan a la gran mayoría de las empresas que se enfrentan a corporativos ya consolidados que cuentan con capitales extranjeros y manejo de tecnología.

    Gestión del conocimiento

    El conocimiento ha sido abordado por diferentes disciplinas; sin embargo, se considera a la epistemología como la base para su estudio, donde se le define como un acto de relación establecido entre un sujeto y un objeto, donde el sujeto aprehende una realidad (Verneaux, 1996). Asimismo, su concepción actual se fundamenta en una herencia de doctrinas como el empirismo...

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