Vida de Max, el zaguate, depende de veredicto del Senasa

Más que un dispositivo de protección, la nueva estructura que Luzmilda Marchena y Édgar Sibaja erigen frente a su casa es un intento desesperado por salvar a Max, el zaguate blanquinegro que vive con ellos desde los 15 días de nacido.Aunque Max no lo sepa, su vida pende de un hilo. Hoy, las autoridades del Servicio Nacional de Salud Animal (Senasa) darán a conocer si lo sacrifican o no, tras morder a un niño de 10 años.Para Édgar, Luzmilda y sus hijos, David Cortés (de 25 años) y José Pablo Reyes (de 11), Max es otro miembro de la familia, uno que cuida y acompaña.Tanto lo quieren que, a tres meses de Navidad, comprometieron sus aguinaldos con un préstamo para construir un portón frente a la casa, en Dos Cercas de Desamparados. Ese portón serviría para que el perro no salga a la calle.La inversión responde a una orden sanitaria que el Ministerio de Salud emitió previo a la valoración del Senasa. 'El perro nunca sale de la propiedad, solo para caminar dos veces a la semana. Ahora nos comprometeríamos a sacarlo solo con bozal', aseguró Cortés.Sin embargo, para los vecinos del frente, Max es un monstruo; aseguran que no tendrán paz en tanto el perro no se vaya de ahí, vivo o muerto.El 2 de setiembre, Max mordió en el muslo y la pantorrilla a Jefferson, un nieto de la pareja vecina, que tocó la puerta de la casa para intercambiar postales con su amigo, José Pablo, después de clases.Versiones van y vienen sobre lo acontecido esa noche.Según los dueños de Max, Jefferson acostumbraba provocar al perro para verlo enojado. El día del ataque, el niño empujó la puerta de los vecinos y Max lo mordió, pero aseguran que el perro lo soltó de inmediato.Para los papás de Jefferson, Max recibió al niño al abrirse la puerta, lo atacó en el muslo y luego lo agarró de la pantorrilla hasta que José Pablo logró separarlos.La mordedura envió al niño al hospital, de donde salió con varias puntadas, y lo obligó a faltar a clases dos semanas. 'Era la primera vez que iba a desfilar un 15 de setiembre y no pudo participar', relató su mamá, Jamie Picado.Más grande que el hueco en la pierna del niño, es el abismo entre las familias: ambas dicen estar afligidas por la situación y la tensión es evidente; incluso, se lanzaron insultos en días pasados.Los papás de Jefferson denunciaron penalmente a Luzmilda ante el juzgado de Desamparados para presionarla a deshacerse de Max, y acudieron al Senasa.El 9 de setiembre, funcionarios de esa entidad y del Ministerio de Salud visitaron la casa...

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